ARANDA Bustamante, Gilberto. El proyecto de Chávez (1999-2007). Participación, Isocracia e integración regional

Santiago de Chile, Editorial Universitaria Estudios, 2013, 294 páginas.


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El estudio de la realidad latinoamericana no se entiende sin abordar el tan arraigado fenómeno del populismo. En la actualidad, y como consecuencia de nuevas variables, se habla también de neopopulismo. Lo cierto es que, palabras más palabras menos, el ethos de América Latina pareciera estar teñido de ciertas características que han acompañado a líderes carismáticos por años. De izquierdas a derechas, de civiles a caudillos militares, han sucumbido a la tentación del poder mediante mecanismos que, de alguna u otra forma,
ponen en duda la calidad democrática de sus gobiernos.

El presente libro, El proyecto de Chávez (1999-2007). Participación, Isocracia e Integración regional, tiene por objeto evaluar en el periodo señalado, la pertinencia en cuanto a su categorización como populista o neopopulista, con el fin de comprender la naturaleza del gobierno de quizás uno de los personajes más influyentes en las últimas décadas de América Latina. Su autor, Gilberto Aranda, realiza un acucioso, contundente y extenso análisis sobre los diferentes aspectos que configuraron el gobierno de Chávez, objeto de estudio de su tesis doctoral, que aquí nos presenta como libro.

Parte de su riqueza bibliográfica se refleja en su clara conceptualización de los términos que utiliza, así como la posibilidad de conocer discursos originales de la época. Sin embargo, y tal como plantea Eduardo Cavieres F. en el Prólogo, “(…) detrás de la lectura de un libro como el de Aranda deben quedar las preguntas, las reflexiones, las opciones”. Una invitación a pensar en el futuro, del cual diversos autores como Mario Vargas Llosa o Enrique Krauze, han sido críticos, pero que a juzgar por los contecimientos recientes, pareciera no ser muy auspicioso.

El texto está dividido en tres capítulos. En el primero de ellos, “El mito prometeico”, se efectúa un breve resumen de los principales acontecimientos que marcaron la historia política de Venezuela y la formación de sus principales coaliciones políticas, el ascenso al poder del Pacto de Punto Fijo en 1958, los levantamientos populares como el Caracazo, hasta la entrada en la esfera política de Hugo Chávez en 1992, producto del descontento popular. Importante resulta destacar el trascendental rol que ha jugado el petróleo,tras los periodos de bonanza económica experimentados, principalmente en 1922 y 1950, que a través de las diferentes etapas, ha permitido la edificación de un sistema asistencialista, no sin altos y bajos, que han debido afrontar los partidos políticos tras su continua pérdida de legitimidad.

Es en este apartado en donde se abordan los inicios y pilares que forjan la figura de Chávez como líder, con la creación del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, los círculos y redes internacionales bolivarianos que institucionalizaron su apoyo, y la explotación del mito de Bolívar, no necesaria y estrictamente apegada a la realidad. Todos estos elementos que contribuyeron
a generar expectativas sobre el surgimiento de una nueva y supuesta época dorada’. “Venezuela está en marcha lo que hemos llamado un proceso de resurrección venezolana” (pág. 65), decía Chávez en 1999.

El siguiente capítulo, “La democracia participativa”, profundiza en el proceso de formación de los movimientos sociales y la “pauperización social”, dejando en evidencia los malestares sociales, económicos y políticos, así como la incipiente polarización que lentamente se apoderaría de la sociedad venezolana, derrumbándose con ello además el sistema de Punto Fijo. Finalmente, con
56,4% de los votos, Chávez obtiene la Presidencia y se impone su tan recordada e incendiaria retórica, que cada vez fue adquiriendo nuevos matices.

El autor destaca aquí la novedad que representaba otorgar mayores poderes de decisión al pueblo llamado “el soberano”, como sujeto político, constituido por los excluidos y marginados, dando forma así a lo que denomina como “populismos transfigurados de la última década del siglo XX”. Este ideario concebía entonces un sistema de participación social con capacidad de responder a las diversas demandas, de ahí el surgimiento de las “misiones” o programas sociales.

Del mismo modo, se describe la transformación institucional que permitió el tránsito desde un sistema liberal capitalista y de una democracia representativa hacia una democracia participativa, donde el Estado pasaría a adquirir un rol protagónico en la esfera económica. Lo anterior, en el marco de la nueva Constitución de 1999 que, entre otras cosas, otorgó mayores atribuciones presidenciales, elemento clave para el funcionamiento del régimen y las múltiples reformas que se llevaron a cabo, acompañadas de
permanentes referendos.

Es menester señalar que después de cuatro décadas en que los militares eran una fuerza no deliberante, aparecen en la escena pública, cada vez con mayor fuerza, configurándose por orden de Chávez en intermediarios con el pueblo. Es así como comienzan a ejecutar programas sociales y ocupar cargos públicos. Protagonismo que está amparado en la Constitución, donde se expanden sus funciones a “la participación activa de las Fuerzas Armadas en el desarrollo nacional” (pág. 154), lo que posteriormente se ampliaría aún más.

Ya en el año 2002, Chávez debió enfrentar los primeros conflictos, como el paro petrolero de 48 horas. El escenario sin duda difería bastante al de 1999. Establecida ya abiertamente como la ‘Revolución bolivariana’ y el ‘Socialismo del siglo XXI’, los esfuerzos debían multiplicarse para expandir sus áreas de influencia. El último capítulo, “Cambio y continuidades de la política exterior”,
estudia los ejes que distinguieron el accionar internacional, considerando el petróleo como herramienta diplomática que contribuyó a promover los intereses venezolanos y afianzas alianzas estratégicas, así como incentivar la integración regional.

Esta política exterior hizo explícita la confrontación, cuyo resultado más evidente fue el discurso antiimperialista y de oposición a Estados Unidos, cuyo episodio culmine lo realizó Chávez en la Asamblea General de Naciones Unidas al tildar a Bush de “diablo”. Por otro lado, se produjo un acercamiento con los países miembros de la OPEP y especialmente con la comunidad latinoamericana, promoviendo así el ALBA, y su incorporación al MERCOSUR y otros organismos.

El lector se encuentra frente a un completo trabajo investigativo que resume y plasma la evolución del proyecto chavista, identificado finalmente como “un caso inédito y pionero para una nueva izquierda latinoamericana tras el desplome del bloque soviético” (pág. 30). Una mezcla del populismo clásico de Perón, con discursos pasionales y un mesianismo que siembra esperanzas y espacios de interacción directa con el pueblo, que se suma a variables contemporáneas propias del neopopulismo, entre las que destacan los medios de comunicación, plataforma elemental en la expansión del discurso revolucionario. En síntesis, un régimen híbrido que tal como su autor plantea “(…) Después de 2007 el chavismo entra en una nueva etapa, que se experimenta hasta ahora. Sabemos de dónde viene, pero que, con los antecedentes desplegados en este trabajo, es difícil decir con total exactitud hacia dónde va” (pág. 259).

María Ignacia Matus Matus
Periodista Magíster en Ciencia Política
Pontiwcia Universidad Católica de Chile
Centro de Estudios e Investigaciones Militares
ignacia.matus@gmail.com

BONIFACE, Pascal. COMPRENDE LE MONDE Les relations internationales pour tous

París, Armand Colin, 2012, 287 páginas.


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Cuando Cristóbal Colón llegó a las costas de América no imaginó que, aparte de toda la contribución que haría al Imperio español con la anexión de nuevos territorios a la Corona, también daría inicio a un proceso que, a fines del siglo XX, se conocería con el nombre de globalización. En ese momento, la política económica que se aplicaba al desarrollo de los países correspondía a la conocida como mercantilismo; política proteccionista que establecía que la riqueza de los reinos se basaba en la acumulación de oro, plata y piedras preciosas, por medio del control monopólico del comercio o de la explotación de minas de plata y oro en las colonias, o ambas estrategias simultáneamente.

El impacto de la contribución colombina fue inmediato. A partir de 1492, se completó el circuito del comercio mundial y comenzó la expansión de la economía con la aplicación de otras políticas económicas. Adam Smith 1, en el siglo XVIII, plantea que el crecimiento económico y la riqueza de las naciones se sostiene en el producto anual del trabajo, agregando, a esta tesis central, la idea de un orden natural, que es el resultado tanto del interés individual como de la libre empresa, la libre competencia y el libre comercio. De esta forma, Smith sentó las bases del liberalismo económico.

A principios del siglo XXI, en plena vigencia del llamado neoliberalismo, diversos autores 2 sostienen que todo análisis que se realice para describir el estado actual del mundo no puede dejar de lado los conceptos de globalización y mundialización económica debido a que consideran que es la fase actual de la evolución del capitalismo. Como hemos señalado en otro texto 3, el historiador francés Fernand Braudel desarrolló el concepto de economía-mundo con el objeto de definir el sistema económico internacional en tiempos del imperio español del siglo XVI, destacando su importancia en la consolidación del sistema capitalista.

La globalización, entonces, es el resultado de la evolución histórica del desarrollo capitalista, que hoy está marcado por el sello de la sociedad y economía del conocimiento, por los acuerdos económicos entre los países que guían el crecimiento y por las redes del circuito de comercio mundial. En este contexto, las relaciones internacionales se transforman en una herramienta vital para entender y comprender el mundo.

Frente a este panorama, Pascal Boniface hace presente que, en general, los ciudadanos y la sociedad no están interesados en las cuestiones internacionales porque las encuentran muy complicadas. A continuación y sosteniendo que las fronteras entre lo nacional y lo internacional están difusamente separadas, se plantea algunas interrogantes, tales como: ¿En qué clase de mundo vivimos? ¿Qué influencia tiene el mundo exterior en nuestra vida cotidiana? ¿Cuál es el contenido de los informes internacionales y cómo nos impresionan? ¿Cuáles son las grandes amenazas que nos afectan? ¿Qué ideas se debaten a nivel internacional? Finalmente, señala que responder a estas preguntas es el objetivo de su libro.

Desde las primeras páginas de su texto, Boniface se encarga de entregar información al lector para que comprenda el mundo en que vive. Especifica que el colapso del muro de Berlín y del imperio soviético marcó la desaparición de la lógica Este-Oeste y, por ende, del mundo bipolar que habían marcado el orden de las relaciones internacionales después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Eso no significa que, a partir de ese momento y con la llegada del nuevo milenio, con la declinación relativa de los Estados Unidos, con la emergencia del poder económico sustentado por Japón, la Unión Europea, la China y la misma Rusia, se estructuraran relaciones internacionales multipolares, muy por el contrario, el mundo entero consolidó una fórmula de entendimiento que se consolidó con la globalización. De este modo, este nuevo orden mundial es el escenario en el que se desarrollará el desenvolvimiento de todos los países en el futuro.

Para cumplir con el objetivo de explicar cómo se presenta el panorama mundial en los tiempos de la globalización, Boniface ordena su discurso en cuatro partes principales refiriéndose en cada una de ellas a sus características distintivas y a los ejes que las integran. Esta forma de estructurar el discurso permitirá al lector conocer la situación del presente y observar las repercusiones que tendrán estos ejes de acción en el futuro. Obviamente, este es un logro del libro reseñado porque sitúa los problemas de las relaciones internacionales al alcance de todo aquel que quiera informarse de los problemas actuales de la mundialización.

La primera parte, “El escenario de la vida internacional” 4, consta de cinco apartados que definen la naturaleza de este escenario. El autor comienza pasando revista a la realidad y los límites de la globalización y pone énfasis en la descripción del proceso con relación a la influencia de la economía mundial en el desarrollo de las naciones, aunque señala que este proceso descansa en una paradoja: el escenario mundial se ha reducido, por lo que todos los pueblos viven en el mismo planeta, aunque no hay mucho acuerdo sobre las normas comunes de convivencia que se deberían establecer para alcanzar el respeto entre los países.

Continúa esta parte con el detalle de los actores que intervienen en el complejo mundo de las relaciones internacionales. Señala que los Estados son los actores mayores, refiriéndose luego a las organizaciones internacionales que califica como instituciones de cooperación entre los Estados, para terminar con la enumeración de varias entidades que forman parte del mundo globalizado, tales como las empresas multinacionales, las ONG, las asociaciones de individuos y otras de menor figuración. Llama la atención que también se refiera al papel de los actores ilegales como las mafias y grupos terroristas. No obstante, termina estableciendo que el rol del Estado en las relaciones internacionales se impugna con la llegada de nuevos actores al escenario internacional.

Estableciendo que el poder es tradicionalmente el corazón de la reflexión sobre las relaciones internacionales, Boniface recalca que ese poder representa la capacidad de acción de los actores en el escenario internacional porque es el medio que permite imponer la voluntad propia sobre la de otros actores. Luego, delinea los criterios que definen al poder internacional comenzando
por el criterio histórico, representado por el poder militar, y continúa con el demográfico, la extensión territorial, la posesión de recursos naturales, el poder económico, el nivel educacional y la cohesión nacional y social, entre otros. Concluye expresando que “El desafío del poder reside en la preservación de la libertad de acción” 5.

Luego, Boniface se refiere a las instituciones internacionales señalando que su papel es permitir la cooperación entre los diferentes Estados, situando en el centro de ellas a las Naciones Unidas como entidad encargada de la paz mundial y, en lenguaje moderno, de la seguridad. En seguida, cita el caso de las instituciones económicas examinando el rol del Fondo Monetario
Internacional (FMI), Banco Mundial (BM) y Organización Mundial del Comercio (OMC) y a las organizaciones económicas como el G8 y el G20. También se refiere, en materia jurídica, a la Corte Internacional de Justicia, calificándola como el principal organismo judicial de la ONU.

En la segunda parte del texto, Boniface se refiere a los “Poderes”. Comienza señalando que la construcción de la Unión Europea es fruto del voluntarismo político que ha permitido la reconciliación histórica entre países enemigos y que el proyecto europeo se presenta hoy día como un espacio político coherente, unificado tanto en lo económico, comercial y monetario como en lo tecnológico, social demográfico y cultural.

Luego, describe el rol internacional de los Estados Unidos, considerándolo como “un imperio sin igual”, pero aun así, en tiempos de la globalización, no ha podido imponer su política porque el mundo en la actualidad no es unipolar ni multipolar.

Siguiendo con la descripción de los poderes mundiales, se refiere a Asia y señala la importancia de Japón, China e India, en este escenario globalizado. En seguida caracteriza lo que representa Rusia en la actualidad, explicando que no recuperará jamás el poder de la Unión Soviética.

Pasa revista a América Latina y la concibe como “el extremo occidental inacabado y un Tercer-Mundo imperfecto” 6, tomando como eje del discurso lo que significa Brasil en el contexto internacional para la región. Del mismo modo, trata el mundo africano y el mundo árabe.

En un tercer apartado, el autor trata la cuestión de los ”Déficit Globales”, estableciendo el significado que tienen estos temas para el desarrollo integral del mundo globalizado. Inicia el texto con el calentamiento global, sigue con los desequilibrios económicos internacionales y con el problema demográfico y el de las migraciones. Especial mención le confiere al tema de la seguridad internacional, al de un mundo sin guerra, a las armas nucleares y las de destrucción masiva y a las políticas de disuasión.

Finalmente, Boniface ensaya un apartado sobre los valores, explicando el papel de la democracia y su vigencia en la sociedad globalizada, concluyendo con la siguiente sentencia: “El mundo, aunque sigue siendo injusto y peligroso, progresa” 7.

El discurso contenido en el texto reseñado tiene un valor informativo fundamental. Ciertamente, ante un mundo cambiante, globalizado, donde los acontecimientos, locales e internacionales, son conocidos rápidamente por la sociedad, a través de la prensa, la televisión y las redes sociales, dicho discurso presenta algunas claves para comprender las relaciones internacionales, presentando nuevas referencias, nuevos déficit y nuevos actores.

Este libro contiene una equilibrada introducción a las relaciones internacionales, de corte pedagógico, porque traza una imagen simple y directa de las grandes líneas que permiten comprender el mundo contemporáneo.

Guillermo Bravo Acevedo
Dr. en Historia
Academia Nacional de Estudios
Políticos y Estratégicos
gbravo@anepe.cl

Notes:

  1. SMITH, Adam. Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones. FCE. México, 1992.
  2. BECK, Ulrich. ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Paidós, Barcelona, 1998; CASTELLS, Manuel. Globalización, desarrollo y democracia: Chile en el contexto mundial. FCE. Santiago, 2005; DEHESA, G, De La. Comprender la globalización. Ed.Alianza, Barcelona, 2000; ZOLO, D. Cosmópolis. Perspectiva y riesgos de un gobierno mundial. Ed. Paidós, Barcelona, 2000; TRIGO, J.; TREMOSA; Guillermo, S. “L’empresa catalana en l’economía global”, en Papers d’economía industrial. N° 19. Generalitat de Catalunya, Barcelona, 2003;
  3. BRAVO, Guillermo. “Presentación”, en ESD Estudios de Seguridad y Defensa No 1, Alfabeta Artes Gráficas. Santiago, junio 2013, p.11.
  4. Los títulos de las partes en que se divide el texto reseñado están traducidos libremente por el autor de la reseña.
  5. BONIFACE, Pascal. Comprende le Monde. Les relations internationales pour tous. Armand Colin, París, 2012 p. 72. (Traducción libre del autor de la reseña).
  6. BONIFACE, 2012, op. cit., p. 159. La definición corresponde a Alain Rouquié.
  7. BONIFACE, 2012, op. cit., p. 280.

BASOMBRÍO, Carlos. ¿A dónde vamos? Análisis de políticas públicas de seguridad ciudadana en América Latina

Ciudad de México, Woodrow Wilson International Center for Scholars y Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia (CASEDE), 2013. 354 páginas.


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Uno de los temas más mediáticos y preocupantes relativos a la calidad de vida en las principales ciudades de Latinoamérica se refleja en las percepciones de seguridad ciudadana. Según el informe 2013 de la Corporación Latinobarómetro, esta se ve socavada por intrincadas redes que han convertido a la inseguridad en el problema principal en la región, por sobre el desempleo. Los once capítulos de la publicación editada por Carlos Basombrío emergen desde la diversidad y complejidad de la región y revelan, con distintos prismas, los contrastes, avances y retrocesos en este campo. Es aquí donde las medidas y prácticas aplicadas desde el Estado y la sociedad reflejan debilidades y fugas que minan la eficacia de los resultados.

Escritas con el dominio y matiz que brinda la óptica provista por teóricos latinoamericanos, las secciones están focalizadas en México, Perú, Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, así como en un análisis regional sobre la reforma procesal penal y la seguridad ciudadana. Es justamente ese el valor de la publicación: por un lado, provee un arco variado y representativo de Latinoamérica y, por otro, la visión “desde dentro” revela con acuciosidad las aristas de una problemática transversal.

Desde una mirada regional, la inseguridad ciudadana debilita la democracia y cuestiona la eficacia de la justicia, y desde una visión local, las particularidades del andamiaje institucional y social obligan a lecturas matizadas. La seguridad se proyecta en distintas temporalidades y espacios y la falta de ella, anclada en el entramado de fenómenos mayoritariamente sociológicos, se refleja en dinámicas que requieren actualizaciones teóricas frecuentes.

Desde esa perspectiva, el libro ofrece una visibilidad geográfica y temática que permite reflexionar con información relevante, detallada y amplia sobre intentos de transnacionalización de recetas que pueden ser útiles en determinados contextos, pero que distan de tener resultados similares en otros. La transversalidad de casos enfrenta al lector con particularidades que complejizan el ideal de una mejoría uniforme de los indicadores de seguridad en virtud de la abismante heterogeneidad regional y de procesos políticos y sociales articulados desde la especificidad.

La publicación abre con un artículo de Raúl Benítez sobre las dualidades entre el crimen organizado en México y su estrecha conexión con la droga. Benítez entrega estadísticas que cuestionan la eficacia de las reformas institucionales y sugieren un avance de las actividades criminales: los tentáculos de la droga se incrustan hoy en el tráfico de armas, el lavado de activos financieros y el tráfico de inmigrantes. Estos brotes han creado verdaderos protagonismos paralelos que, a juicio de Benítez, minan la imagen del Estado y su gobernabilidad. Estos fenómenos, llevados a los medios de comunicación transnacionales, tienden a obviar las particularidades de Latinoamérica y se enquistan como imágenes dominantes en la región.

Brasil, como el país de mayor territorio y población en Latinoamérica, emerge con una multiplicidad de paradojas útiles para el análisis desarrollado por Renato Sérgio de Lima y Liana de Paula. Ambos desmenuzan casos de reducción de las tasas de violencia –en particular homicidios–, pero no mencionan las incidencias de los denominados “secuestros express”, que forman parte de un problema relevante de percepción. Los autores afirman que el intento por introducir nuevas prácticas de prevención del delito se ve frenado por limitaciones políticas, económicas e institucionales. Si bien el objetivo de análisis comparado de casos se expone con claridad, un enfoque más profundo sobre la situación en Río de Janeiro, ad portas del Mundial de Fútbol 2014 –lo que transformará a la región en un indudable foco de atención global–, le habría dado mayor riqueza al lector.

Es interesante la representación de Chile como un país de excepción en la región, ya que si bien se posiciona con menores incidencias de delincuencia y avances sustantivos en tratar el problema, la percepción de inseguridad no es consistente con las cifras. Según un informe difundido en noviembre de 2013 por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Chile, a
pesar de ser el país con la más baja tasa de homicidios y uno de los menores niveles de victimización por robo, posee una percepción de inseguridad más alta que Honduras, país que registra los peores indicadores delictuales de Latinoamérica. El artículo de la socióloga peruana Lucía Dammert sobre Chile, si bien se proyecta con una voz eminentemente descriptiva, hacia el final trasluce el punto que habría tenido mayor valor crítico, una denominada “gestión débil”.

Los radicales cambios en Colombia y Perú revisten especial interés. De ser países sacudidos por violencia extrema durante la década del 80 y parte de los 90, el primero por la guerrilla y el segundo por el movimiento Sendero Luminoso, su imagen internacional ha tenido un vuelco. El artículo de María Victoria Llorente y Sergio Guarín León brinda un análisis estructurado y claro sobre los casos de Bogotá y Medellín, y desnuda las ausencias analíticas y de información que permitirían explicar los fenómenos con mayor precisión. Perú, en tanto, es representado por la emergencia y descripción de los serenazgos urbanos, una red de cuidadores no armados a pie, surgidos como respuesta al repliegue policial en tiempos violentos, como lo representa Gino Costa. Si bien el artículo brinda valiosos antecedentes sobre este servicio de seguridad originado en forma espontánea desde las municipalidades, carece de una hipótesis clara.

Centroamérica, a través de trabajos sobre El Salvador, Guatemala y Nicaragua, se proyecta con una omisión importante: Honduras. Su ausencia como parte clave del denominado “Triángulo del Norte”, integrado por El Salvador y Guatemala, restringe la comprensión de la inseguridad desde una visión comparada y limita el entendimiento del delito y la violencia en un contexto ampliado. En esta colección, entonces, Venezuela surge como el caso más extremo de inseguridad en la región, lo que Ana María Sanjuán describe como una “catástrofe incontrolada” e “inmune” a los planes de seguridad, por lo que, a su juicio, se necesita un cambio radical de los actuales entramados institucionales.

El libro editado por Wilson Center y CASEDE se constituye en sí en un valioso esfuerzo por brindar una mirada amplia a la región desde “adentro”. Ciertamente, pese a que los artículos brindan información dura de valor, es menos esperable encontrar hipótesis definidas que justifiquen la estructura de cada uno de ellos con un tono más crítico que descriptivo. De igual manera, la ausencia explicativa del hilo conductor de la diversidad de los temas abordados, más allá del espacio geográfico, deja al lector sin una respuesta clara sobre la pregunta del título del libro ¿A dónde vamos? Ello podría haberse reflejado en una mirada aglutinadora general de cierre del volumen, lo que habría dado mayor cohesión a esta interesante, aunque heterogénea selección temática.

Irene Strodthoff Raddatz
Periodista y Ph.D en Estudios Latinoamericanos
Academia Nacional de Estudios
Políticos y Estratégicos
istrodthoff@anepe.cl

ALDA Mejías, Sonia y GÓMEZ Ricaute, Verónica (eds.). El concepto y las relaciones multilaterales de Seguridad y Defensa en el contexto de la UNASUR

Madrid, Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado / Ministerio de Defensa Nacional de Ecuador, 2012. 473 páginas.


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Este libro surge fruto de la cooperación multilateral entre el Ministerio de Defensa Nacional de Ecuador, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Ecuador) y el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, centro dedicado a la investigación y la docencia en el ámbito de la Paz, la Seguridad y la Defensa con sede en la villa de Madrid.

Con la intención de servir como mecanismo de análisis del concepto de las relaciones multilaterales de Seguridad y Defensa en UNASUR, esta obra cuenta con la colaboración de 28 autores pertenecientes a contextos variados y efectúa un rico análisis desde miradas diversas de la realidad de Iberoamérica.

La temática tratada en esta obra colectiva puede dividirse en tres grandes bloques correspondientes a:

1. Conceptos de seguridad: Estado de la cuestión.
2. La nueva agenda de Seguridad y Defensa en la región.
3. Las organizaciones e iniciativas regionales y subregionales.

En cuanto al primer bloque, se analiza en primer lugar el alcance y las limitaciones del concepto de multidimensionalidad y se tratan específicamente tres temas: la definición del concepto de seguridad multidimensional, la identificación de las instituciones y roles de las mismas para concluir con el análisis de las reflexiones sobre el estado de las relaciones cívico-militares en la América Latina de hoy.

Las principales ideas que pueden extraerse de estos tres puntos comprenden una gran variedad de temas entre los que se destacan la importancia de la definición conceptual y su precisión como garantes de una adecuada “comunicación comprensiva de la actividad científica” 1 y del “acceso instrumental a la parte de la realidad que se pretende analizar” 2, hechos que contribuyen a la creación de una base sólida que permita ahondar en el conocimiento de una determinada realidad que se corresponde, en este caso, con el estudio de las relaciones multilaterales de Seguridad y Defensa en UNASUR.

En segundo lugar se analizan los roles de las instituciones relacionadas con la seguridad multidimensional en el contexto de la Organización de los Estados Americanos (OEA), con referencia a la Secretaría Ejecutiva para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) y la Secretaría del Comité Interamericano contra el Terrorismo (CICTE), para después efectuar un análisis del contexto de UNASUR y el Consejo de Defensa Suramericano (CDS).

A partir de los aportes en materia teórica, el texto transita hacia problemas latinoamericanos. En el único capítulo del libro redactado en lengua inglesa, se efectúa un exhaustivo análisis de las relaciones cívico-militares del que se desprende la diferencia de situaciones en el contexto latinoamericano, consecuencia de los distintos factores ideológicos y las particularidades históricas que si bien constituyen un reto importante, en las últimas décadas ha podido observarse una clara mejoría.

Seguidamente, se efectúa un análisis de la aplicabilidad práctica de las políticas de defensa nacional de los países de la región, con especial énfasis en el caso de Argentina, Brasil y Guatemala con la intención de observar cuáles pueden ser las posibilidades a la hora de abordar las relaciones multilaterales de Seguridad y Defensa.

Llama la atención positivamente el tratamiento que se hace de la discusión sobre el uso de medios militares en la gestión de problemáticas cuyo ámbito no está específicamente ligado a la concepción tradicional de defensa, sirviendo, por tanto, como un aporte al debate existente sobre este tema particular con el ejemplo concreto del caso de Brasil.

En el segundo bloque del libro se analiza detalladamente el crimen organizado y la seguridad ciudadana con especial énfasis en el fenómeno del narcotráfico y sus implicaciones para la región en el contexto post-Guerra Fría, momento en el que se produce un aumento de la criminalidad. El análisis y la generación de alternativas resultan básicos a la hora de gestionar una de las principales amenazas para la región y que está contemplada en la Declaración sobre Seguridad en las Américas del año 2003.

En amplia conexión con el aspecto anterior, estudia el gasto militar en América Latina, poniéndose de manifiesto la complejidad del análisis sobre este tema a través de variados aspectos, tales como el gasto de defensa en términos comparativos. Tras la observación del gasto militar en el contexto específico de UNASUR, se concluye que los países que forman el bloque, diseñan presupuestos propios de una región estable y con una baja posibilidad de conflicto armado inter se, lo cual resulta patente a través del estudio de las cifras.

Por lo que respecta al tercer bloque y con un claro acento regional, se hace un análisis de la confianza y la cooperación existentes en Latinoamérica, para después concentrar la atención en los avances que se han producido en la integración de la región a través del estudio de distintos organismos multilaterales. En ese sentido se señala que es necesaria la profundización en un “proyecto político estratégico” 3 que posea una mirada global y que permita avanzar hacia una integración efectiva.

Destaca un capítulo sobre la integración militar en el contexto de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), en el que se analiza la debatida creación de unas fuerzas armadas del ALBA, situación muy ligada a la figura del ex presidente de Venezuela Hugo Chávez y cuyo desarrollo y análisis resultan muy enriquecedores.

Termina este libro con una aportación acerca de la experiencia europea como proyecto común de Seguridad y Defensa a través de paralelismos que permiten identificar de qué manera el caso europeo puede ser útil para Latinoamérica. Para ello se realiza un repaso histórico del proyecto europeo de integración para después analizar la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD), principal manifestación e instrumento de la Unión hacia la construcción de un espacio europeo de defensa.

Andrés de Castro García
Abogado y Magíster Europeo
Academia Nacional de Estudios
Políticos y Estratégicos
adecastro@anepe.cl

Notes:

  1. El concepto y las relaciones multilaterales de Seguridad y Defensa en el contexto de la UNASUR. Madrid, 2012, p.37.
  2. Ibid.
  3. El concepto y las relaciones multilaterales de Seguridad y Defensa en el contexto de la UNASUR. Madrid, 2012, p. 277.

José Alfredo Zavaleta (coordinador), La inseguridad y la seguridad ciudadana en América Latina

Colección Grupos de Trabajo CLACSO, Buenos Aires, 2012, 430 páginas


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En tiempos en que la agenda política sobre la seguridad alcanza nuevamente un alto protagonismo, en momentos en los que se consolida su presencia en el debate público, en la discusión académica y la investigación científica, es un buen tiempo para recibir las diferentes voces, aportes y reflexiones de investigadores latinoamericanos de distintos contextos de producción, prácticas e inscripciones institucionales.

El siguiente texto, publicado por el Grupo de Trabajo de Seguridad, que conduce el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO, es un valioso aporte colectivo de lo que está ocurriendo en el continente. Con miradas distintas, a partir de integrantes de Argentina, Uruguay, México, Chile, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Colombia, el escrito proporciona lecturas sobre los debates que se visibilizan en relación con la seguridad. Ello, no solo porque la inseguridad que prevalece en las sociedades a partir de los fenómenos de la violencia y la criminalidad son temas complejos de tratar, sino porque el fondo de la discusión en relación a la seguridad, trasunta la inseguridad de la que se siente objeto la sociedad latinoamericana toda.

El libro está compuesto por quince ensayos inscritos en lo que su coordinador, el sociólogo mexicano José Alfredo Zavaleta Betancourt, denomina una sociología latinoamericana de la inseguridad, permitiendo al lector la atención de manera comparada de tendencias y procesos regionales, revisar los progresos y desafíos de las democracias en el manejo de estos asuntos, y tomar nota sobre las necesarias interacciones para el fortalecimiento de la seguridad a partir de políticas públicas integrales, con base en las necesidades y derechos de las personas.

Los diferentes estudios sobre seguridad aportan criterios de carácter nacional en el continente, resignifican comparativamente la democracia y contribuyen a la comprensión de fenómenos tales como la violencia y el delito, aportan cifras en torno al manejo de la criminalidad, formulan las relaciones entre las amenazas emergentes y las políticas públicas que los Estados manejan en torno a los tópicos o bien en relación con las múltiples definiciones de la seguridad. Comprendidos hoy en un marco global, los estudios de seguridad cada vez más integran los fenómenos transnacionales y las medidas colectivas de corrección o mitigación de los daños en función de la seguridad y calidad de vida de la ciudadanía.

El libro está dividido en tres partes. La primera, enfocada a “La inseguridad, la violencia y los movimientos sociales”, con una mirada equidistante en términos de explicación de fenómenos generales de lo que acontece en Argentina, Uruguay, México y Chile.

El sociólogo argentino Gabriel Kessler revisa el sentimiento de inseguridad de Argentina y sus bases. El país estaría ante una triple condición: el aumento de las tasas de criminalidad, formas de representación social de la criminalidad en los medios y una mayor sensibilización de la ciudadanía. Este último fenómeno, sin embargo, produciría tanto apoyos como rechazos en relación con las medidas punitivas y genera algunos cruces de caminos entre las respuestas institucionales, el poder y la población civil, en palabras del autor: las relaciones “entre delito, impunidad y poder será otra clave de la época…”, aludiendo a la etapa 1990-2004, fecha en la cual se instala la inseguridad como problema nacional.

En la misma línea de análisis, el sociólogo Rafael Paternain, de Uruguay, visualiza otros componentes para el caso uruguayo, trayendo a colación la victimización y el resultado social, la generación de una “hiperrealidad” a partir de una instrumentalización de los discursos a nivel político, el incremento del sentimiento de inseguridad en Uruguay –entendido como un acto de habla objetivo y subjetivo– producido en un contexto de incremento de los delitos, el crecimiento económico sostenido, y fenómenos estructurales de exclusión social. Dice Paternain: “la inseguridad como ‘acto de habla’ solo es interpretable y reconocible en su historicidad, en su recorrido temporal y en el acopio permanente de argumentos arcaicos para su comprensión y actualización permanente”. La subjetividad y la verificación de las denuncias, los procesos de victimización, la validez de los datos y el análisis de fenómenos de violencia interpersonal como suicidios y violencia doméstica, son los ejemplos elegidos para dar cuenta de este recorrido temporal en la sociedad uruguaya.

Salvador Maldonado Aranda explora las estructuras de mediación y significación de la producción de la violencia en México, en base al concepto de “estado de excepción”, de Giorgio Agamben, presenta un análisis de la emergencia de la violencia en la sociedad mexicana a partir de la acumulación de excepciones de diferentes actores políticos y sociales que suspenden el derecho para beneficiarse mediante mecanismos de corrupción e impunidad. Desde esta perspectiva, la violencia puede ser entendida como el resultado de la debilidad institucional del Estado para ejercer la violencia física legítima, tanto como de los intercambios de “mercaderías políticas”, aunque como dice el autor, “es necesario avanzar un poco más que el planteamiento de la incapacidad del Estado para garantizar la legalidad, ya que la corrupción no es únicamente un tema de ilegalidad contra las normas y reglas estatales. El concepto de mercaderías políticas es muy relevante para comprender la reciprocidad entre el poder político y la ilegalidad”.

Loreto Correa, por su parte, aborda algunas de las principales contradic- ciones históricas de la democracia chilena, que repercuten en escenarios que vulneran la seguridad y la convivencia en Chile. A partir de la descripción de las principales fuentes de conflicto, aparece un contexto de declive en el pa- pel de la clase política, interpelado por un nuevo retorno de la movilización social, orientada a la construcción de una integración social incluyente. Para Correa, no es extraño que los movimientos sociales reaparezcan cada cua- tro décadas en la sociedad chilena, buscando mayor igualdad y apertura de mecanismos de participación, evidenciando las contradicciones del panorama político “binominal” actual, reflejando el malestar ciudadano ante algunas po- líticas públicas y, particularmente, ante “la brecha económica colectivamente desigual de los indicadores de distribución del ingreso en el país y la exis- tencia de mecanismos de diálogo eficientes entre una ciudadanía activa y un Estado poco modernizado”.

Para finalizar la primera parte, Roberto González describe la particularidad de la gestión policial de los delitos de menores infractores en Córdoba, Argentina. Desde la evidencia de una clara asimetría entre la cantidad de delitos cometidos por menores en proporción con el total de robos y hurtos cometidos y las discusiones sobre la baja de la edad de imputabilidad penal, González se plantea la necesidad de valorar los datos objetivos a la hora del diseño de políticas públicas. El diseño de las mismas, contaminado por la apreciación de las representaciones subjetivas que se tienen actualmente de los menores, pondría en franca colisión el objeto y las poblaciones involucradas de las políticas de seguridad. Es necesario, señala el autor, “no sólo introducir la historicidad como factor generador de una variedad diversa de representaciones sobre el delito, sino que le agregamos la territorialidad que, aún en una ciudad delimitada como es Córdoba, se agrega como un elemento más que aporta diferenciación en la definición de delito y la representación que resulta de los jóvenes”.

En la segunda parte dedicada a “La seguridad de los ciudadanos”, José Alfredo Zavaleta Betancourt da cuenta de cambios recientes de la sociedad mexicana en cuanto a nuevas modalidades de delitos. Analiza la lógica de la delincuencia organizada y del narcotráfico para mostrar que al no incluirse una conceptualización de la cuestión social, la estrategia de militarización de las policías para la lucha contra las drogas es limitada y produce efectos perversos en la sociedad mexicana. Dice Zavaleta Betancourt: “Es posible que lo hayamos olvidado, pero los delincuentes son parte de nosotros. La sociedad mexicana produce delincuentes y los delincuentes producen –ilegalmente mediante la violencia– parte de la nueva sociedad mexicana. Los delincuentes mexicanos no son ‘los otros’, son parte de nosotros, pero ilegales, fabrican mediante la impunidad y el miedo, la modernidad patológica que acompaña a la modernidad inacabada de nuestra sociedad”.

Al turno de Andrés Antillano en su análisis acerca de la izquierda y la seguridad, se plantea explorar las posibilidades de convertir la cuestión de la seguridad en un asunto de construcción de consensos contra el delito a pesar de los conflictos políticos en Venezuela. Para ello, describe las reformas legales e institucionales recientes en el tema de la seguridad en época chavista y llama la atención acerca de la necesidad de la seguridad como un elemento de la agenda de los gobiernos de izquierda en América Latina. Dice Antillano: “supone un desafío a la gobernabilidad y legitimidad de los nuevos gobiernos, a la vez que plantea el reto de gestar propuestas que superen las agendas del punitivismo, la privatización y el ‘managerialismo’ que definen la oferta de la derecha”.

Comparte dicha lógica el trabajo de Theo Roncken, describiendo los obstáculos y retos del gobierno de Evo Morales para cambiar el paradigma de la gestión policial al programa del Vivir Bien cuyo principio básico es la solidaridad, dado que históricamente persisten en Bolivia notables contradicciones entre discursos y prácticas, como también entre lineamientos políticos y planes operativos. Por ejemplo en el tema de la gestión de políticas de drogas, en donde se constatan prácticas ineficaces y punitivas, dice el autor: “durante largos años, esta embarazosa situación de extra-institucionalidad o, si se quiere, para-institucionalidad, fue exitosamente normalizada como una supuesta característica esencial de la misión policial y hasta pudo adquirir un determinado grado de legitimidad, debido a la complicidad de los llamados “partidos políticos tradicionales”.

Bertha García Gallegos analiza las reformas policiales en Ecuador a la luz de la politización del tema de la seguridad, en circunstancias históricas en que los actores civiles han sido escasamente capaces de organizar el sistema político por la vía democrática institucional, cuestionando “si las reformas impulsadas se orientan al control civil, o si se trata de fortalecer un poder desde el cual reconfigurar desde arriba el juego de fuerzas preexistentes, entre ellas las de las fuerzas de seguridad. Esto ha derivado en una cadena sucesiva de gobiernos débiles, golpes o connatos de golpes de estado e insubordinación de las fuerzas, además de un sinfín de comportamientos que se vuelven habituales y llegan a ser asumidos como algo “normal”.

Por su parte, Pablo Emilio Angarita Cañas analizará, desde una escala local, la evolución de la inseguridad de la ciudad de Medellín, la con mayores tasas históricas de homicidios de Colombia. Es interesante recorrer junto al autor el panorama de respuestas institucionales ensayadas entre 2006-11, los diferentes programas de gestión local de la inseguridad basados en la focalización, las tensiones, luchas y alianzas que se establecen en el territorio entre grupos armados, colectivos sociales y el Estado. En este cruce de caminos, el autor desarrolla una propuesta de construir la “seguridad humana desde abajo” en la ciudad. Dice Angarita: “que tome en consideración el sentir y los intereses de las comunidades más excluidas de las diversas relaciones de poder, en un horizonte emancipador”.

Dando el cierre de esta segunda parte, Ana Becerra realiza un estudio comparado de ejemplos de “accountability policial” en tres provincias argentinas y en el contexto de las reformas en el sector seguridad que tuvieron como principal objetivo la democratización de las policías. Becerra compara las experiencias de los tribunales de conducta policial gestionados por civiles, que han contribuido al control institucional desmilitarizado de las policías provinciales de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires. En sus propias palabras: “todas las provincias que fueron articulando cambios en los mecanismos de control policial lo hicieron conjuntamente con la apertura de la institución a la conducción política y al diseño de áreas y programas que, a través de foros o juntas de participación, buscan poner el asunto de la seguridad en el centro del tratamiento ciudadano”.

Inaugurando la tercera parte titulada “La seguridad regional”, Alejo Vargas Velázquez observa los esfuerzos recientes de integración suramericana (el caso UNASUR y más concretamente el Consejo de Defensa Suramericano), y señala los desafíos para una nueva concepción hemisférica de seguridad analizando, a la vez, las distintas posturas de Colombia en dichos procesos. Desde esa perspectiva comparada, constata un movimiento de la unipolaridad a la multipolaridad en la región con presencia de actores internacionales, cuando afirma: “es probable que se avance más fácil en el corto y mediano plazo en estructurar mecanismos subregionales de seguridad y defensa en Centroamérica y el Caribe,… asociado esto parcialmente al cambio político que viene dándose en países de la región, especialmente en Sudamérica. La subregión estaba en mora de tener un escenario donde se discutan los temas de seguridad y defensa, como el Consejo de Defensa Suramericano que a su vez acordó crear un Centro Suramericano de Estudios de la Defensa, de tal manera que los países de la región cuenten con la posibilidad de debatir y analizar con claridad y poniendo sobre la mesa todos los argumentos, cuáles son sus preocupaciones en este campo…”.

En este marco de análisis de la seguridad regional, Viviana García Pinzón analiza la política de drogas estadounidense para América Latina que no está ajena a su propia política interna, la cual se ha centrado más en combatir la oferta de drogas, que en el problema de reducción de la demanda o el consumo. A través de los casos de Colombia y México podemos ver que la problemática de las drogas ilícitas en el marco del “ethos de seguridad estadounidense” ha llevado a que el problema sea visto en términos de “amenaza” y “enemigos”, llevando al tratamiento coercitivo y militarista que perdura hasta la actualidad. Dice Viviana García: “La respuesta de los gobiernos de Colombia y México a las demandas estadounidenses para la implementación de medidas dirigidas a la eliminación de la producción y el tráfico de drogas ilícitas presentan un escenario variado, que oscila entre el conflicto y la cooperación”.

Saúl Rodríguez-Hernández toma como punto de partida las estrategias de integración desplegadas por Venezuela, Colombia y Brasil en el contexto regional, y mediante su contacto con actores o países extrarregionales en América Latina. Realiza un análisis en particular de la cuestión militar y de armamento, que como el propio autor señala: “no son un buen elemento para la integración regional pues le merma poder y permite que estos países de fuera de la región se entrometan en asuntos internos”.

Finalizando, Cristian Garay analiza el proceso de diferenciación funcional entre las Fuerzas Armadas y las policías de Chile, comprendido entre el gobier- no de Michelle Bachelet al gobierno de Sebastián Piñera. El autor señala cómo “el debate sobre la seguridad pública fue presionado por la introducción de ideas sobre seguridad ciudadana y la creciente alarma de la población por los niveles de victimización… Los acuerdos y los trabajos conjuntos permitieron diseñar procedimientos homogéneos en la región tendientes a expresar el nuevo control civil de las instituciones militares. Esto significaba pasar de polí- ticas confidenciales o reservadas a públicas y sometidas a escrutinio público… el dilema entre área de exclusión u oportunidad de interacción institucional está resuelto en favor del primero, con muy débiles atisbos del segundo”.

En síntesis, el lector cuenta en esta publicación con elementos de comparación de las actuales tendencias y procesos regionales en temas de seguridad en democracia, a tal punto que podrá verse comprometido, desde el lugar que ocupe, a mantener y aumentar las condiciones de visibilidad y de enunciación sobre tales procesos. La invitación está hecha…

Augusto Vitale Marino
Psicólogo y Socioanalista.
República Oriental del Uruguay
avitale@presidencia.gub.uy

Alain Labrousse, Geopolítica de las Drogas

LOM Ediciones, Santiago, 2012, 111 páginas.


Archivo PDF: Alain Labrousse, Geopolítica de las Drogas


En América Latina el cultivo de la hoja de coca está ligada a la identidad de los pueblos andinos desde hace más de cinco mil años y, a pesar de que inicialmente fue rechazado por los colonizadores españoles, luego lo alentaron al darse cuenta que estimulaba la capacidad de trabajo de los campesinos y mineros del Virreinato del Perú. Con el descubrimiento de la cocaína en el siglo 19, comenzó la comercialización de la hoja de coca desde Perú y Bolivia por holandeses y alemanes que la usaban en su industria farmacéutica, y desde donde fue llevada a la isla de Java y a Taiwán, cuya producción se relaciona con el aumento del consumo de cocaína en todo el orbe, entre 1910 y 1940. Un segundo boom en los años sesenta fue absorbido con el aumento de la producción en Perú y Bolivia, donde los propios gobiernos apoyaron la producción de la droga por intereses económicos, introduciendo a fin de cuentas un factor que se ha mantenido hasta nuestros días en el centro de los conflictos en Colombia, Perú y Bolivia.

Algo similar ocurre con los opiáceos en el sudeste asiático, donde la evolución del uso del opio como producto apreciado en las antiguas culturas china, egipcia, griega y romana, se extendió con el cultivo de la amapola y la producción de opio, desde su origen euroasiático hacia la India y China a instancias de los mercaderes árabes durante la Edad Media, hasta llegar a convertirse en el siglo XVIII, en monopolio del Estado, siendo también, causa de las dos guerras del opio que enfrentaron a China y al Imperio Británico (1839-1842 y 1856-1860).

La marihuana también tiene un espacio importante en la problemática del narcotráfico a partir del cultivo del cáñamo en la mayoría de los países del mundo, y con un mercado consumidor de 170 millones de personas, de cuya resina se obtiene el hachís. En su origen, el cultivo de la Cannabis Sativa se expandió aparentemente desde el Asia Central, a través de rutas comerciales hacia el oeste, dejando testimonios arqueológicos de su presencia en medio oriente y la cuenca mediterránea. Actualmente en América y África se desarrolla una producción importante de marihuana, mientras en Marruecos está el centro de producción de hachís.

A partir del contexto planteado, es que Alain Labrousse explica la aparición de la Geopolítica de las Drogas, como una disciplina en construcción, lo que fundamenta a partir del trabajo de 48 autores que han escrito sobre el tema. Esta nueva tendencia aparece en 1972, con la publicación de dos obras mayores escritas por el periodista norteamericano Alfred Mc Coy, la periodista francesa Caterine Lamour y el economista galo Michel Lamberti, donde se concentran en la observación del uso de la droga con fines geopolíticos en Sudeste de Asia, por parte de los servicios secretos de las potencias coloniales.

Las investigaciones que van configurando, esta nueva disciplina, observan los casos de Birmania, Pakistán y Afganistán, buscando no reducir los estudios a una presentación estática de los espacios observados, sino que a través del método geopolítico, superar la descripción geográfica y transformarla en un análisis comparativo integrado y dinámico de realidades en movimiento.

Señala Labrousse que la evolución de la disciplina continúa a través del tiempo, con numerosas publicaciones que incluyen a Latinoamérica, buscando su consolidación con la fundación en 1990 del Observatorio Geopolítico de las Drogas (OGD), el que ha contribuido a dicha disciplina, con una red de corresponsales a través del mundo y numerosas publicaciones e informes. Al OGD se agregaron otras, como el Transnational Institute (TNI), el Observatorio del Crimen Organizado (OCO), el Observatorio Milanés del Crimen Organizado (OMICRON) y la UNESCO, con el programa “Transformaciones económicas y sociales vinculadas a los problemas de las drogas”.

A través de esta obra, Alain Labrousse, a partir de un breve análisis histórico sobre el origen y difusión de las drogas en el mundo, se va introduciendo en un fenómeno cuyo origen es esencialmente cultural, porque ha formado parte del patrimonio de grupos étnicos en América, Asia y África, como son los aimaras y quechuas de Bolivia, los pastunes de Pakistán, los bereberes del Rif de Marruecos y los chiítas ismaelitas del Badakhshan afgano.

Observando las áreas del mundo que son relevantes como centros de poder en relación a la producción y tráfico de drogas, el “Triángulo de Oro”, se convirtió en el centro principal de producción de opio en Asia, el que ubicado en el noreste de Birmania y norte de Thailandia y Laos, se ha mantenido en permanente conflicto, y cuya producción ha permitido financiar guerras en el área desde mediados del siglo XX, con el involucramiento de gobiernos y servicios de inteligencia de potencias occidentales como la CIA, y la existencia de poderosas redes de producción y distribución conducidas por señores de la guerra al mando de fuerzas paramilitares de poderío importante.

Una situación similar ocurre en Turquía y Afganistán, donde la participación de gobiernos y sus servicios secretos contribuyen al consumo mundial de opio, y se constituye en una variable relevante en conflictos como las guerras en Afganistán desde 1980. En cuanto a la cocaína, en Latinoamérica se concentran los principales centros de cultivo y producción de dicha droga y, el hachís, que se cultiva y produce principalmente en Marruecos.

En el ámbito de la producción y tráfico de drogas, la variable económica es la más relevante según Labrousse, a pesar de que las ganancias derivadas de ello estarían sobreestimadas. Aún así los cálculos que se señalan en el libro establecen ganancias del orden de entre 150 y 200 mil millones de dólares anuales, con impactos locales importantes, como en Afganistán, donde las ganancias por la producción y tráfico de opio representan el 50% del PIB y, a su vez, impiden el control del país por parte de su gobierno como consecuencia de los efectos económicos y sociales que en ese país provoca.

La comprensión del contexto descrito es relevante para entender la génesis de la formación de las mafias de las drogas y la corrupción política en muchos países de la comunidad internacional, como asimismo la relación estrecha de la droga con muchos de los conflictos actuales, cuyos actores la utilizan como elemento de poder político y económico, a pesar de la criminalización que en muchos casos se produce. Interpretando lo que el autor señala, hace posible imaginar la existencia de una Geopolítica de las Drogas, sustentado en el poder que otorga la producción y tráfico de estupefacientes y su expansión hacia áreas de interés que coinciden con la demanda que estos productos tienen.

Así entonces, en la segunda parte del libro, el autor analiza la relación existente entre las mafias de la droga y la corrupción política que esta provoca, donde se puede constatar que, en muchos casos, estas mafias son estrechos aliados del Estado, cuando no parte de él. Señala el autor que las mafias en este ámbito interesan solo en la medida que juegan un rol geopolítico, a través de su presencia territorial o sus vínculos con las estructuras políticas de los países donde están presentes, donde se relacionan con movimientos revolucionarios, servicios secretos y organizaciones terroristas.

En este contexto, Labrousse propone que los nexos de las mafias de la droga puede ser opuesta al Estado, como la Cosa Nostra, estar dentro de él, como el caso de las relaciones con las elites políticas mexicanas, jugar un papel auxiliar en casos concretos, como el apoyo que brindó la mafia ítalo americana al gobierno norteamericano durante la II Guerra Mundial, tener lazos parasitarios, como la mafia rusa cuyos miembros pertenecieron al KGB, o la existencia de las mafias sin Estado, que como la mafia albanesa presente en Kosovo que financió al Ejército del Liberación Kosovar (UCK). Con ello, demuestra que la producción y tráfico de drogas beneficia a los grupos que lo desarrollan, también a los Estados que los apoyan favoreciendo sus intereses y, a quienes tienen el poder político y económico dentro de él, lo que a su vez es contradictorio con las políticas de prohibición y los esfuerzos que los países realizan en la lucha contra las organizaciones de narcotráfico.

En la actualidad droga y conflicto se conectan estrechamente. Sobre ello, el autor de este libro proporciona datos que lo demuestran. Estas relaciones son antiguas, porque ya entre el siglo XI y XIII los cruzados fueron calificados como consumidores de hachís. Asimismo, en la sublevación de Tupac Katari contra el imperio español en Bolivia en 1781-1782, los quechuas y aimaras que integraban su fuerza exigían ser abastecidos de hojas de coca antes de entrar en combate. También caso relevante fueron las guerras del opio como conflicto por dicha droga. Entonces, en el ámbito del conflicto, es la prohibición de ellas lo que le da el valor agregado que provoca la necesidad de traficarlas, y luego utilizar las ganancias para financiar guerrillas y grupos terroristas, donde los servicios secretos de potencias occidentales tampoco permanecen ausentes, como ha sido el caso de los franceses (SDECE) en Indochina, y la CIA durante la guerra de Vietnam y en Nicaragua en su apoyo a los Contras entre 1984 y 1986. De hecho, Labrousse ejemplifica haciendo un listado de 37 conflictos desarrollados a partir de la caída de la URSS y hasta entrado el tercer milenio, donde la droga ha estado presente en diferentes niveles.

Finalmente, Labrousse refiriéndose a los conflictos colombiano y afgano, entrega un claro panorama de cómo la relación droga-conflicto-actores funciona, más allá de la criminalización que en diverso grado provoca en los bandos involucrados. Sin embargo, la complejidad del panorama hace difícil avizorar el término del problema, porque los esfuerzos realizados por la comunidad internacional encabezados por Estados Unidos, no ha dado los resultados esperados. En este sentido, el autor da cuenta a partir del aumento de la producción de opio, cocaína, cannabis y anfetaminas, de opiniones a favor de flexibilizar la política hacia las drogas, de la implementación de políticas de prevención e, incluso, de lograr su legalización. A pesar de ello, las señales actuales no dan cuenta de cambios en las políticas que actualmente están en aplicación en la comunidad internacional, pese a las numerosas opiniones en relación al fracaso de la guerra contra las drogas, como consecuencia de los intereses que muchos países tienen en vinculación a la lucha contra su producción y tráfico o, en muchos casos, por el control que ellos mismo ejercen sobre ello.

Alejandro Salas Maturana
Magíster en Seguridad y Defensa
Academia Nacional de Estudios
Políticos y Estratégicos
salas.alejandro@anepe.cl

Carlos Medina Gallego (Editor), FARC EP Flujos y reflujos. La guerra en las regiones

Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2011, 323 páginas.


Archivo PDF: CARLOS MEDINA GALLEGO (Editor), FARC EP Flujos y reflujos. La guerra en las regiones


El libro “FARC EP Flujos y reflujos. La guerra en las regiones” es el resultado del trabajo llevado a cabo por la línea de investigación Actores Armados del Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa de la Universidad Nacional de Colombia. El libro constituye la tercera fase de un proceso de indagación en torno a las FARC. Así, la primera fase estuvo abocada a la reconstrucción de la historia política de esta guerrilla a partir de la percepción del actor sobre sí mismo; mientras que, la segunda fase profundizó en los imaginarios políticos e ideológicos que estructuran la identidad de la agrupación armada y los temas estratégicos de su agenda.

En el caso de este libro, la investigación está enfocada en la presencia de las FARC en las diferentes regiones de Colombia, con el objetivo de dar cuenta de la lógica estratégica de su accionar, las dinámicas políticas y económicas de la organización, las formas de articulación social y el impacto de su presencia en el territorio; partiendo de las formas de ocupación y copamiento territorial diseñadas por esta guerrilla en su VIII Conferencia con los propósitos de dar cobertura a la totalidad del territorio colombiano, avanzar en su enfrentamiento con el Estado, derrotar a las fuerzas armadas y tomarse el poder político.

La dimensión territorial de la guerra irregular es un elemento fundamental para dar cuenta de las estrategias de los actores, los posibles desarrollos del conflicto y la relación entre actor armado y población. Al respecto, los autores afirman que “la guerra en Colombia por el territorio abandonó la lógica del control del espacio geográfico como simple lugar físico del desplazamiento de las organizaciones armadas y/o en las construcción de zonas estratégicas de combate, para disputárselo como un escenario que compromete relaciones de poder en los aspectos sociales, políticos, económicos e históricos”.

Entre los aspectos importantes en la relación del actor armado con la región se encuentran: Primero, las características económicas de la región, donde la posibilidad que esta ofrezca para la construcción de una economía de guerra determinará la intensidad de la presencia del actor y la forma de articulación con el territorio. Segundo, la conectividad es un elemento crucial, ya que el territorio como espacio físico es una bisagra de conexión con otras regiones, poblaciones y recursos. Finalmente, se encuentra la población, cuya actitud respecto al actor armado está determinada por elementos tales como su organización, la cohesión y presencia de otros grupos armados que puedan disputar el dominio. De manera que, a partir de estos elementos, el control y dominio territorial varía de una región a otra, como bien lo señala el texto “en su accionar militar la insurgencia clasifica entonces las regiones de acuerdo a la dinámica militar, política, organizativa y de cohesión que pueda desarrollar en cada una de ellas”.

Desde este punto de vista, el trabajo aborda el origen, desarrollo y retrocesos de las FARC con base en el análisis de la dimensión local-territorial, a partir de siete estructuras de la organización: El Comando Conjunto Central (CCC), el bloque del Magdalena Medio (BMM), el Bloque Oriental (BO), el Bloque Nor-Occidental (BNO), el Comando Conjunto de Occidentes (CCO), el Bloque Sur (BS) y el Bloque Caribe (BC), indagando en las complejas relaciones que el actor armado establece con los actores sociales, políticos, estatales y otros actores armados presentes en un mismo espacio geográfico. En el estudio del caso de cada estructura, los autores abordan su origen y desdoblamientos, las dinámicas de guerra, la relación con otros actores –legales e ilegales– y plantean una aproximación al estado actual de cada una de ellas.

Con base en estos análisis, es posible plantear algunos aspectos sobre las dinámicas de inserción y articulación de las FARC en las diferentes regiones colombianas, a saber: El territorio es el espacio físico donde circulan las relaciones de poder, en este sentido, la permanencia en el territorio por parte del actor armado está condicionada por la lógica del conflicto y las posibilidades de permanecer en él, ya sea en forma física o como proyecto económico y política en la población. A propósito, cabe señalar que la presencia de la organización en el territorio no se reduce únicamente a lo militar, la guerrilla se articula con los espacios de la administración pública, la organización social y la producción económica. Las formas de organización que fueron imponiendo las FARC sobre el territorio configuran relaciones de poder, donde la pretensión es actuar como nuevo Estado, reclamando el reconocimiento como autoridad política y militar.

Respecto a la dimensión económica, cada región reviste características específicas para las economías de guerra, las cuales se nutren de actividades agrícolas, agroindustriales, mineras, industriales, comerciales, transporte y recursos públicos. En este sentido es importante señalar que, si bien la industria del narcotráfico ha contribuido con grandes recursos al desarrollo del conflicto armado, no todos los frentes, bloques y comandos de las FARC viven de las rentas que provienen de este: “Cada bloque se relaciona con el narcotráfico según la dinámica que el mismo tenga en sus áreas de influencia, lo cual también significa relacionarse con distintos grupos y pequeños carteles, que frecuentemente se hallan en guerra con otros grupos por el control de centros de producción y rutas”.

En lo relacionado con la estrategia de expansión de la organización y copamiento territorial, las estructuras de las FARC crecen en un sistema de desdoblamientos, para dar cobertura a un mayor territorio, controlar un corredor o acceder a una zona fuente de mayores recursos para la guerra. Así, cada vez que una estructura se desdobla, las dos estructuras resultantes se debilitan en la calidad de mandos y combatientes, por lo que es necesario hacer nuevos reclutamientos. Los autores señalan que en promedio, salvo los altos mandos, la formación política y académica del militante promedio es bastante precaria.

En una mirada de conjunto, se identifican tres momentos en el devenir de las FARC: el primero, tiene lugar en la década de 1970, donde hay un paso de autodefensas campesinas a guerrillas móviles. El segundo, es producto del proceso de La Uribe con el asesinato de los miembros de la Unión Patriótica, lo cual arrojó como resultado la separación de la organización de la tutela del Partido Comunista Colombiano y la realización de la VIII Conferencia a partir de la cual hay un proceso acelerado de crecimiento militar y político, que alcanza su punto mayor durante el gobierno de Ernesto Samper (1994-1998) y concluye con la creación del Partido Comunista Colombiano Clandestino (PCCC) y el Movimiento Bolivariano (MB) en el marco del proceso de paz del Caguán durante la administración de Andrés Pastrana (1998-2002). Finalmente, el tercer momento, se inicia con el primer gobierno de Álvaro Uribe y llega hasta la actual presidencia de Juan Manuel Santos, donde la característica esencial es el cambio en la correlación de fuerzas y de la estrategia de guerra de la fuerza pública.

En el marco de esta nueva correlación y estrategia, hasta el 2006 las FARC lograron mantenerse de forma tal que en la búsqueda de la adaptación a las nuevas dinámicas se redefinieron las relaciones con el territorio y la población y las formas de organización. Sin embargo, a partir de 2007, esta guerrilla debe enfrentar un nuevo accionar de las fuerzas armadas, las cuales centran su accionar en el ataque a los más altos dirigentes de la organización. Esto trajo consigo la muerte de integrantes del Secretariado y el Estado Mayor, entre los que se destacan Raúl Reyes, Iván Ríos y Jorge Briceño; a lo que se suma la muerte de mandos medios, capturas, deserciones y desmovilizaciones. Todo ello genera la desarticulación de frentes y columnas y al reacomodo al nuevo contexto de guerra mediante agrupamiento o dispersiones según sea el caso, y el retroceso de la organización, tanto en su presencia territorial como en sus formas de operar. No obstante, los autores concluyen señalando que “la guerra ha sido tanto para la institucionalidad como para la insurgencia su principal escuela de aprendizaje y las partes logran sobrevivir, entender las lógicas de la confrontación, ajustarse a ellas y reponerse de sus adversidades para seguir la guerra”.

El análisis desarrollado en el libro es pertinente para la comprensión de la guerra y los conflictos en sus dimensiones locales y regionales. Mas, cuando en la coyuntura actual colombiana, el fin del conflicto armado no solo se juega en la mesa de negociación entre el gobierno colombiano y las FARC, sino también, y especialmente, en los espacios territoriales.

Viviana García Pinzón
Magíster en Ciencia Política
vegarcnap@gmail.com